El coste de reemplazar componentes desgastados, o dañados durante su utilización, ha hecho posible el desarrollo de una amplia variedad de técnicas, conocidas como “recargue duro”, con las cuales se hace posible que las piezas puedan ser utilizadas de nuevo. Muchas de estas reparaciones tienen un período de vida más largo que las piezas originales, debido a que es posible depositar capas con una resistencia superior al desgaste, impacto, abrasión o corrosión que los materiales de origen. Como resultado, actualmente, el recargue duro es cada vez más utilizado en muchos componentes de producción.
Los depósitos del Recargue duro normalmente presentan espesores importantes (a partir de 2 milímetros) y para algunas aplicaciones deben aplicarse capas intermedias para así evitar problemas metalúrgicos de los depósitos finales. Se dispone de electrodos e hilos de recargue para proporcionar diferentes grados de desgaste, corrosión ó resistencia al calor y pueden ser aplicados en pequeñas superficies tales como válvulas, y asientos de válvulas, hasta superficies grandes tales como soportes de ejes, o rodillos de molino. Especialmente, el recargue duro está asociado a la maquinaria de movimiento de tierras, trituración de piedras y procesos industriales.